// El televisor
Dos tubos, y un corte de 560 milisegundos.
HLS tarda entre dos y seis segundos en dar el primer cuadro. Un solo <video> significaba una pantalla negra en cada cambio de canal. El aparato lleva dos: mientras uno se ve, en el otro se carga el canal siguiente, y el intercambio ocurre tapado por la interferencia. Se alternan por opacidad, nunca ocultando el elemento: un vídeo oculto no se decodifica, y el segundo tubo no habría precargado nada. Se midió: con la versión anterior, uno de cada cuatro cambios llegaba con imagen.
La política de la rotación es una función pura, sin reloj propio y con pruebas: cada canal se queda 18 segundos, el siguiente empieza a cargarse 4 segundos antes del salto, y al entrar el aparato sintoniza 2 tarjetas antes de enganchar la primera señal. La interferencia también tiene reglas para leerse como una falla y no como una animación: cae en más o menos uno de cada 4 saltos, nunca en dos seguidos, y se fuerza tras 6 saltos limpios para que no desaparezca en una mala racha.
No lleva controles nativos: sobre una señal en vivo Chrome pinta una barra de avance que no significa nada. Sí lleva un botón de PAUSA que detiene el vídeo y la rotación, con la etiqueta dentro para que el nombre accesible sea el mismo que se lee. Y cuando un canal se cae, se enseña: el corte, el cartel, de quién es la culpa. Fingir «reintentando…» para siempre sí sería un fallo de la demo.